Amor en Manhattan


Mi amigo Chico (como todos lo conocemos) tuvo que ir por motivos profesionales a la Gran Manzana, la capital del mundo. Una gran ciudad llena de hoteles, restaurantes, consulados y aeropuertos; diplomáticos y pilotos de aviones hacen de sus perversiones  y sus vicios caros una realidad en Nueva York. Él era todo un inexperto en este mundo. Séntose en la barra del Hotel Ellington, en otras época frecuentados por alcohólicos músicos de jazz con prostitutas, escritores malditos expulsados de París y desde hace poco años hotel de culto para viajeros exquisitos (y exquisitas). Él no lo sabía, fue el hotel que le ofreció la empresa en la que trabaja. Se pide un Manhattan , mientras sonaba una pieza, cómo no, de Duke Ellington.

Dos mesas más allá, se acomodó una mujer de mediana edad (unos 45, 15 años más que Chico). Y como en Lost in Translation, donde Bill Murray y Scarlett Johansson coquetean con la mirada, la mujer empieza a desnudarlo con los ojos. Mi amigo un poco desconcertado le guiñó el ojo finalmente y cuando fue a pagar la cuenta ya estaba saldada. No le dio tiempo a reaccionar cuando la mujer le cogió de la mano y lo metió directamente en el ascensor (que conducía a la suite de la señora), ya en el ascensor se dijeron más que palabras y cuando entraron en la suite real, se tiraron al suelo e hicieron el amor como si no hubiera mañana.

Cuando terminaron la mujer pidió una copiosa cena al restaurante del hotel y le abrió la puerta al camarero desnuda (le dejó 100 dolares de propina). Se pusieron las botas con ostras y caviar, todo acompañado de un vino blanco francés de 1000 dolares la botella. Luego abrieron una botella de Whiskey escocés malteado de la destilería Laphroaig… . Pasaron la noche juntos, la mejor noche de la vida de Chico, se creía un auténtico chapero. Cuando se despertó se cumplió su desdicha, encima de la mesita de noche había un sobre donde ponía “te he querido mucho, hasta nunca” y dentro del sobre 6.000 dolares. Cuando se duchó y fue a recepción para ver si había dejado más la mujer que no sabía ni como se llamaba, el recepcionista le pasó la cuenta de la suite, la cena y la botella de whiskey: 5.947 dolares.

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